Pero… no todo es paz, una tiene padres, hermano y primos. La verdad es que no recordaba echar en falta las histerias de mi madre, ni su obsesión con la limpieza y el orden (don con el que yo no nací desgraciadamente), ni sus voces, ni la peste a tabaco que acompaña a mi padre, ni tampoco las tempestuosas y enfermizas ganas de incordiar que comparten mi primo y mi hermano.
¡¿SWEET?!
Si fusionamos todo esto con un White Christmas de fondo, el turrón y los bombones acechándome colocados estratégicamente y de forma meticulosa (mamá) en platos de cristal repartidos por toda la casa. La frase “hogar, dulce hogar” puede llegar a convertirse en una amarga ironía ¬¬




