5.20.2026

20 de Mayo de 2026

No sé ni cómo empezar esta entrada, así que simplemente haré camino...

Empecé escribiendo en este blog en el año 2006, hace casi 20 añitos de nada, cuando yo tan solo tenía 16. En ese momento se estilaba un consumo de internet lento. No se scrolleaba infinitamente ni existía la sensación de estar permanentemente conectados a todo y a todos. Pasábamos horas hablando por Messenger, tuneando el Fotolog, descargando canciones que tardaban una eternidad o navegando por páginas hechas con muchísimo cariño y poquísima pretensión.

Internet todavía tenía rincones.

Y quizá por eso echo tanto de menos aquella sensación.

Hace unos días, hablando con mi amiga Almu sobre la estética Frutiger Aero —esas interfaces brillantes, verdes imposibles, burbujas transparentes, cielos azules corporativos y optimismo tecnológico naïf— sentí algo rarísimo. Como si una parte muy concreta de mi adolescencia hubiera vuelto a encenderse de golpe. Esa sensación de futuro limpio, amable y emocionante que tenían los años 2004-2010. Cuando Windows Vista parecía avanzado, los reproductores MP3 parecían magia y pensábamos que internet iba a convertir el mundo en un lugar más creativo y más humano.

Qué extraño pensar eso desde 2026.

Porque ahora todo va rápido. Demasiado rápido.

Consumimos contenido sin apenas recordarlo cinco minutos después. Las redes son infinitas, los algoritmos nos conocen demasiado bien y, aunque estamos más conectados que nunca, a veces echo de menos la intimidad digital de aquella época. Entrar a los blogs de gente desconocida. Leer entradas larguísimas sobre la vida de alguien de Valencia, Chile o Finlandia. Los layouts horribles. Los gifs con purpurina. Las playlists automáticas. El drama adolescente escrito en Comic Sans.

Había algo profundamente humano en todo aquello.

Y mientras escribo esto me doy cuenta de lo muchísimo que ha cambiado mi vida desde entonces.

La María de 16 años escribía desde un pueblo de Toledo soñando con escapar, con vivir cosas grandes, con encontrar personas que la entendieran, con convertirse “en alguien”. Y ahora tengo 35 años, trabajo en una empresa enorme que jamás habría imaginado entender cuando era adolescente, tengo responsabilidades reales, reuniones, estrategias, reportes, decisiones importantes… y, sin embargo, sigo sintiendo que debajo de todo eso continúa existiendo la chica que abría Blogger para ordenar la cabeza.

Solo que ahora vivo en Madrid. Y Madrid, que durante años representó algo gigantesco y lejano, se ha convertido en casa.

Eso quizá es una de las cosas más raras de hacerse adulta: darte cuenta de que muchos de los lugares, sueños o personas que antes parecían imposibles terminan volviéndose cotidianos.

También convivo con el amor de mi vida. Y decir eso todavía me parece extrañísimo. A los 16 años el amor era una idea dramática, casi cinematográfica. Ahora se parece más a compartir supermercado, cansancio, silencios cómodos y preguntarnos qué cenamos un martes cualquiera. Y sinceramente: me gusta mucho más esta versión.

A veces pienso en toda la gente que conocí en internet en aquellos años. Algunas personas desaparecieron por completo. Otras siguen ahí, orbitando de vez en cuando. Y luego estamos quienes, de alguna manera, sobrevivimos a varias versiones de internet y seguimos escribiendo.

Quizá porque escribir siempre fue una forma de dejar pequeñas migas de pan para encontrarnos después.

Y aquí estoy. Con casi 36 años. Volviendo a un blog que empezó cuando todavía sonaban módems en algunas casas y existían los zumbidos del Messenger. Hablando sobre nostalgia, sobre Frutiger Aero y sobre cómo el tiempo pasa tan rápido que a veces da vértigo.

Pero también pensando que hay algo bonito en regresar a ciertos lugares digitales.

Como abrir una habitación cerrada durante años y descubrir que todavía huele un poco a ti.

12.04.2015

¿Querer y no poder? ¿O querer y no querer?

La inmensa mayoría de las veces somos nosotros mismos los que nos ponemos la zancadilla. Pensamientos negativos como: 'es que yo no valgo', 'lo intentaré... pero...', 'es que yo soy así', no nos llevarán a ninguna parte, hay que creérselo más, para avanzar (y ser felices) en la vida vamos a necesitar más autoestima que eso. Hay que sacar fuerza de voluntad, apretar los puños e ir directo a por nuestras propias metas. ¿Que eres "así"? Pues si siendo "así" no te ha ido muy bien, ¿por qué no pruebas a ser de otra manera? Todo se aprende aunque no lo creas, todo.

Pero madre, ¡yo no quiero crecer!

Y las excusas mejor dejarlas para las películas... que para eso son películas.

Que si pensamos que va a venir un superhéroe dispuesto a llevarnos volandas hasta la cima, estamos jodidos, porque no, no va a ser así, vas a ser tú y sólo tú el/la que sude por lo que quiere. Hay que poner los pies en el suelo y trabajar. Hay que concienciarse pronto de que casi todas las cosas que se pueden llegar a obtener en esta vida implican esfuerzo. Y el esfuerzo en sí mismo no mola, eso lo sabemos, pero si lo que queremos alcanzar merece la pena, tendremos la motivación suficiente como para luchar ese esfuerzo. 

Pero, ¿qué pasa cuando falta motivación?


Plofff, te caes con todo el equipo.

Sin motivación lo más probable es que fracasemos. Las metas a seguir tienen que tener la capacidad suficiente para estimularnos, el peso suficiente para que levantemos el culo del sofá. Hay que convencerse hasta tal punto que esa motivación nuestra se vea tan hinchada como un pavo en Navidad.

No es porque sea vago, es porque simplemente no me importa.

Cuando se fracasa en algo siempre conviene preguntarse, ¿qué estoy haciendo mal?, ¿lo podría hacer mejor?, ¿por qué no lo he hecho mejor? Si nos importa, al final acabaremos encontrando la forma de mejorar y controlar aquello que nos estaba entorpeciendo el paso, pero si no nos importa tanto...  Pues amigos y amigas, estaréis como el tío del gif de ahí arriba, igual es que el asunto en cuestión, simple y llanamente no os importa un pimiento.


Y si algo realmente no os importa, ¿para qué seguir perdiendo el tiempo? Y en muchas ocasiones, si además implica a los demás, ¿para qué seguir haciéndoles perder el tiempo? 

11.26.2015

Three outfits wich I like for winter season :-)




 
 

Pues sí, darlings, el frío ha vuelto. Y benditas botas Uggs Australia, no sabéis la de veces que están salvando mis pies de la congelación. Me encantan, es el mejor calzado contra el frío del mundo mundial oficialmente (a pesar de que no estilicen especialmente). ¡¡Son tan, tan, tan, calentitas!! Sé que son caras, pero de verdad: merecen la pena. Es mi calzado favorito por goleada.

Otra bota que se dice, se comenta, se rumorea, que son también muy buenas para combatir el frío son las Doctor Martens. No sé si recordaréis una entrada donde dije que quería unas... Bien, pues al final me rajé. Al probármelas en la tienda me parecieron super duras, pero tras leer por blogs y blogs, en resumen, se dice que es un calzado que hay que domar (tarea tediosa donde las haya) y que cuando lo consigues, alcanzas el cielo. Total, que entre que cuando algo me atrae soy de fácil convencer, esta misma tarde iré a por unas... de segunda mano. Ya os contaré (qué emosión).



PD. Puede que el outfit del centro no pegue mucho (más que nada porque ponerse faldas en invierno es un suicidio), pero para esos días un poco raretes o verotoñales u otoinvernales o como queráis llamarlo, en los que por alguna razón sube la temperatura un poco... Creo que se podría llegar a colar :-)


Besos.

11.05.2015

Snapchat: irisemess





Siento ser tan mala blogger, pero es que snapchat me parece especialmente divertida además de ser una herramienta/red social que permite una comunicación muy directa y rápida #OhYoConfieso 

¿Y vosotros? ¿Snapchatpeais?

Besos.

9.24.2015

¿Básicos de otoño?


1. Sombreros

Yo los veo por todas partes: los gorros siguen siendo tendencia (zara está petadita). Aunque me gustan, ni consigo verme, ni consigo ver en qué situación podría encajarlos... No sé si me acabaré lanzando o no a la piscina, pero ahí están: presentes. 

 

2. Chupas negras 

Sí, otra pieza que vuelve, vuelve y vuelve y que amo, amo, amo. Es muy versátil y suele quedar bien. ¿Quién no tiene una? ¿¿¿No tienes??? Madre mía... ¡Ya estás corriendo!


3. Camisetas/sudaderas con frases generalmente inverosímiles

Las verás hasta en la sopa de letras y te podrán parecer más o menos estilosas, pero cómodas son. 


4.Pantalones con rotos y arremangados

En corte boyfriend, recto, en denim, negros, ajustados... Sí, arremangados (requisito fundamental) y a ser posible rotos (que lo que tiene guasa, es que los rotos sean aún más caros que los normales, vamos, un WTF como un piano de cola).

5. Falda con botones 70's

Caía por su propio peso... Es versátil y va perfecta para la época.


6. Unas deportivas (para marcarnos un 'sporty chic')

He aquí un ejemplo. Este estilo de nikes lo están petando, y tampoco es de extrañar teniendo en cuenta lo terriblemente cómodas que deben ser (están en mi wishlist).


7. Relojes clásicos y minimalistas a lo Daniel Wellingtong

Puede ser un ni fu, ni fa, para la inmensa mayoría, pero personalmente me gustan. Ahora, para lo simples que son su buena pastita cuestan.


8. Anillos minimalistas a tutiplén

Puede parecer un poco hortera probablemente lo sea, pero nos la han vuelto a colar. Las famosas/bloggers son ya habituales y TÚ acabarás cayendo también (si tu economía te lo permite). 



Besos.


P.D. vol.1: Al final desterré mi idea de hacerme con unas botas Dc.Marteens. Me las probé en tienda y no son cómodas (y ni me convencían).

P.D. vol.2: Sí me hice con el zara-bolso, bieeeeeeeeeeeeen.

P.D. vol.3: Publico más irise-chorradas, por redes sociales (instagram) = momento publi.

PD. vol 4: Y a vosotros, hombres, os dejo este gif: